Con nostalgia de Delors

La educacion encierra un tesoro

Cuando en 1996, la UNESCO emitió el informe llamado de Delors “La educación encierra un tesoro” ) elaborada por una comisión de expertos de varios países (educadores, sociólogos, politólogos, entre otros) liderados por Jacques Delors, la cual expresó que los estudiantes debíamos aprender a ser, a hacer, a conocer, y a convivir; y que la educación era una utopía necesaria, y una expresión de amor a los niños y adolescentes, a quienes se les debía preparar el camino para construir un futuro mejor; los espectadores del ámbito educativo nos sentimos inspirados, creíamos que se avecinaba una nueva época, en la que todos los involucrados: instituciones educativas, gobiernos, organizaciones internacionales, estudiantes y profesores, sumaríamos esfuerzos para transformar la educación en un motor de desarrollo humano y social. Teaching

Sin embargo, hemos sido testigos de cómo, a lo largo del siglo XXI, las políticas educativas han ignorado el contenido humano y humanizante de este informe y sus valiosas aportaciones, como aquella que afirmaban que estas políticas debían ser procesos mejorables que contribuyeran a la estructuración de la persona y de las relaciones entre personas, construyendo un mundo mejor, velando por el desarrollo humano sostenible, entre otras serias y contundentes afirmaciones.

Es imposible que al leer este informe, quienes estamos convencidos de que la educación tiene el poder y el deber de transformar el mundo, no sintamos nostalgia, y nos preguntemos ¿por qué no se puso en marcha? ¿qué nos sucedió?

Tal vez, una de las causas para ignorar el contenido del informe fue la dificultad de calificar “el saber ser y el saber convivir” en cada clase, de todos los niveles educativos, y ante ello, preferimos dedicarnos a fomentar el hacer y aprender, a pesar de que, el ser y el convivir son fundamentales en la vida y si lo ignoramos en la escuela o la universidad, perdemos la oportunidad de que la educación, sea ese motor que impulse mejoras sustanciales en nuestras sociedades.

La tradición dice que los deportados en Babilonia pudieron regresar a Sion, habiendo pasado años de nostalgia.

Quizás, sea tiempo de regresar nuestra mirada a ese momento en el que con esperanza contemplábamos el inicio de una nueva era, en la que la educación nos ayudaría a ser mejores seres humanos, en la que los profesores serían auténticos maestros, inspirando a sus estudiantes a aprender, a ser, a hacer y a convivir, fomentando el diálogo, la creatividad, el espíritu crítico, la paciencia, el esfuerzo, y el perdón; en la que los estudiantes, en medio de sus dificultades y limitaciones, se esforzarían por adquirir no sólo conocimientos, sino las claves para tomar lo mejor de las generaciones anteriores y lanzarse a conquistar nuevos mundos; todo esto apoyado por políticas, organizaciones, instituciones y familias.

Tal vez es una utopía, pero la Humanidad merece vivir en un mundo mejor que el que se construyó, ignorando el informe Delors.


Ver también