Cansados de la libertad

Cansados de la libertad

Estamos realmente cansados de un florido lenguaje de libertad, autorrealización y derechos humanos. No porque se trate de realidades indeseables o de conceptos vergonzosamente ininteligibles. Por el contrario, son aspectos de la vida que buscamos custodiar, acrecentar y posibilitar que los demás los gocen u obtengan. Me refiero, más bien, a que, en pro de la libertad, la autorrealización y un elegante discurso sobre los derechos humanos, hemos quedado sometidos a un sórdido relativismo práctico, a un vivir la vida de cualquier manera, a un justificarse a sí mismo para evitar el mal trago de la corrección, del fallo, del pecado. Hablo como hijo de mi tiempo. He crecido en el combate creciente de ideas, en la seducción de la autoafirmación, en la ensoñación de la libertad. Se me ha repetido que debo buscar aquello que me plenifique, que me haga sentir bien y que ponga a la vista de todos lo mejor de mí. Mis fallos no son errores, son “áreas de oportunidad”. Mis pecados no son quiebres morales, sino meros productos que salen necesariamente de mi debilidad. Todo lo que decida está bien, siempre y cuando surja del núcleo de mi creativa voluntad. Pero pocos orientaron mi corazón fuera de sí mismo, allá donde habita la Verdad. Porque, si bien es cierto que en el hombre interior habita Ella —como dice Agustín—, la Verdad es al mismo tiempo lo más interior a la propia intimidad y lo sumo trascendente, más allá de cualquier límite de mi ser. La buena interioridad siempre es extática, siempre fuera de sí, siempre buscando más allá de las fronteras de todo tipo: conceptuales, ontológicas, morales, espirituales.

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Fragmentación

Fragmentación

La popular frase “divide y vencerás”, no solo se ha aplicado para ganar batallas y luego guerras, o en transacciones comerciales, para obtener mayores ganacias; sino que se aplica al mismo ser humano, en sus diversas dimensiones (laboral, familiar, social, profesional); por ejemplo, en medicina la atención se ha centrado en atender el malestar concreto del paciente, sin considerar que es un ser humano integral con múltiples condiciones; y que aunque sufra de un dolor localizado, ese órgano está afectado y afectando al resto del organismo.

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