El mundo tiene hambre. Anhelamos justicia y paz. Nacemos en un estado de hambre, separados de nuestra madre y abandonados en un mundo cruel como mendigos huérfanos. Cada día nos roban nuestra paz. Nuestra energía y nuestra alegría son devoradas día y noche para alimentar las máquinas extractoras de este mundo: el industrialismo, el capitalismo, el consumismo. Brutalizados, ¿a quién podemos recurrir en este mundo en busca de justicia? A nadie. Los controles sobre el poder ejecutivo se debilitan con cada proclamación en las redes sociales, el sesgo judicial se ha convertido en moneda corriente, el debido proceso es un velo falso y endeble sobre la corrupción sistémica. La justicia se negocia en las mesas de los cambistas bajo las torres de marfil de nuestros gobiernos, ¡y el precio es muy alto!
[Leer más]El árbol estéril de la democracia
¿Por qué nos sentamos continuamente bajo este árbol estéril? ¿Por qué no lo maldecimos, como Cristo maldijo la higuera estéril que no le dio fruto cuando tenía hambre?
