<?xml version="1.0" encoding="utf-8" standalone="yes"?><rss version="2.0" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"><channel><title>Cultura e Identidad on Rielo Institute for Integral Development</title><link>https://riidblog.org/</link><description>Recent content in Cultura e Identidad on Rielo Institute for Integral Development</description><generator>Hugo -- gohugo.io</generator><language>es</language><lastBuildDate>Fri, 16 Oct 2026 00:00:00 +0000</lastBuildDate><atom:link href="https://riidblog.org/es/temi/cultura/index.xml" rel="self" type="application/rss+xml"/><item><title>¿Qué dejamos en las personas?</title><link>https://riidblog.org/es/post/16-10-2026/</link><pubDate>Fri, 16 Oct 2026 00:00:00 +0000</pubDate><guid>https://riidblog.org/es/post/16-10-2026/</guid><author>Pier Paolo Bucalo, PhD</author><description>Las organizaciones lo miden casi todo: ingresos, costos, productividad, satisfacción de los clientes y compromiso de los empleados. Los hospitales miden los resultados clínicos; las universidades, el rendimiento académico; las instituciones públicas, el gasto y la eficiencia. Estos indicadores importan. Ninguna organización sobrevive mucho tiempo sin producir resultados. Pero ¿bastan los resultados para definir el éxito? Una empresa puede aumentar sus ganancias mientras genera ansiedad en las personas que trabajan en ella. Un hospital puede lograr excelentes resultados clínicos dejando a los pacientes con la sensación de no ser vistos. Una universidad puede preparar a los estudiantes para aprobar exámenes sin ayudarles a descubrir sus talentos. Una institución pública puede digitalizar un servicio haciéndolo más difícil de entender para los ciudadanos. Quizá nos hemos vuelto muy eficaces para medir lo que las organizaciones producen, y mucho menos capaces de medir lo que producen en las personas.</description></item><item><title>El lamento profundo como remedio a las quejas superficiales</title><link>https://riidblog.org/es/post/05-10-2026/</link><pubDate>Mon, 05 Oct 2026 00:00:00 +0000</pubDate><guid>https://riidblog.org/es/post/05-10-2026/</guid><author>Marie-Thérèse Gerstner, S.S.L.</author><description>Vivimos en una cultura que ha hecho del optimismo un deber. Piensa en positivo. Cuenta tus bendiciones. Otros están peor. El dolor hay que gestionarlo, distraerlo, hacerlo desaparecer con el dedo: mil vídeos cortos, otra noche fuera, un analgésico más para poder seguir moviendo el brazo herido. Los cristianos a menudo han bautizado este reflejo. La oración se convierte en una fila de corazoncitos: gracias, Dios; Jesús te ama; todo está bien. Nada de esto es falso, y la gratitud es indispensable. Pero llegamos a ella demasiado rápido. Una gratitud alcanzada a toda prisa suena hueca, porque nunca ha mirado lo que no está nada bien.
La Biblia se avergüenza mucho menos que nosotros del dolor y del lamento. Según cómo se cuente, el Salterio contiene entre quince y veinte salmos de acción de gracias y entre sesenta y setenta salmos de lamento: más de un tercio del libro de oración que judíos y cristianos comparten desde hace más de dos mil años. «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Jesús murió con un salmo así en los labios.</description></item><item><title>El último baile de Carnaval</title><link>https://riidblog.org/es/post/01-09-2026/</link><pubDate>Tue, 01 Sep 2026 00:00:00 +0000</pubDate><guid>https://riidblog.org/es/post/01-09-2026/</guid><author>Riccardo Colasanti MD</author><description>¿Qué es la felicidad? Para gran parte de Occidente, la felicidad es vivir en una sociedad que sea como un enorme parque de atracciones. Un mundo ruidoso y colorido donde puedas sobrevivir pasando de un juego digital a otro. Siempre jóvenes, siempre divirtiéndote y haciendo divertir a los demás. El progreso de los pueblos no puede sino apuntar a esta meta suprema.
Al fin y al cabo, el gran sueño, el «Make it Great Again», es querer ampliar el parque de atracciones y equiparlo con atracciones más bonitas y más nuevas: a ser posible, sin tener que pagarlas.
Claro que los malos, los terroristas, los migrantes y los pobres del mundo amenazan el país de Bengodi, el Shangri-La. Pero que se queden fuera. Un buen golpe de porra se encargará de hacerlos huir, o un buen programa de deportación, expresión de la gran caridad del pensamiento occidental.
Nos hemos degradado tanto que hemos llegado a nuestro nivel más bajo. El país de Bengodi, el Shangri-La, si lo miras bien, parece más bien un salón de baile con la calefacción estropeada donde ancianos agotados, con el pelo teñido, siguen buscando pareja. Con una música mediocre y manida.</description></item><item><title>La familia ayer y hoy</title><link>https://riidblog.org/es/post/06-08-2026/</link><pubDate>Thu, 06 Aug 2026 00:00:00 +0000</pubDate><guid>https://riidblog.org/es/post/06-08-2026/</guid><author>Angel Rodriguez Guerro PhD</author><description>Ser persona no es algo agregado, no es una cualidad o característica del ser humano: es la manera que tiene el ser humano de existir, de ser. La dignidad no está ligada a sus cualidades morales, físicas o intelectuales, sino simplemente a que este “es”, al hecho de que como individuo de la especie humana tiene un lugar absolutamente especial en la creación.
Para el cristiano la dignidad del hombre tiene el triple fundamento en su origen divino, en su calidad de imagen y semejanza de Dios y en su finalidad en el Creador mismo. La dignidad queda así definida, para todos los hombres por igual, en relación directa con Dios, con in- dependencia de toda otra condición: raza, nacionalidad, sexo, edad, creencias, condición social. Esta dignidad es más que moral, más que ética, más que psicológica: es constitutiva del ser humano y su naturaleza es ontológica. No se la puede dar él a sí mismo ni podemos hacerla depender de su vida moral, tampoco se la puede dar el Estado –como sucedía en Roma– o la sociedad, aunque a ellos corresponda reconocerla y vigilar que no haya violaciones.
En el tema que nos ocupa, tenemos un padre, una madre y unos hijos todos con la misma dignidad.</description></item><item><title>Con nostalgia de Delors</title><link>https://riidblog.org/es/post/09-06-2026/</link><pubDate>Mon, 08 Jun 2026 00:00:00 +0000</pubDate><guid>https://riidblog.org/es/post/09-06-2026/</guid><author>Silvia Gonzalez Perez PhD</author><description>Cundo en 1996, la UNESCO emitió el informe llamado Informe Delors “La educación encierra un tesoro” elaborada por una comisión de expertos de varios países (educadores, sociólogos, politólogos, entre otros) liderados por Jacques Delors, la cual expresó que los estudiantes debíamos aprender a ser, a hacer, a conocer, y a convivir; y que la educación era una utopía necesaria, y una expresión de amor a los niños y adolescentes, a quienes se les debía preparar el camino para construir un futuro mejor; los espectadores del ámbito educativo nos sentimos inspirados, creíamos que se avecinaba una nueva época, en la que todos los involucrados: instituciones educativas, gobiernos, organizaciones internacionales, estudiantes y profesores, sumaríamos esfuerzos para transformar la educación en un motor de desarrollo humano y social.
Sin embargo, hemos sido testigos de cómo, a lo largo del siglo XXI, las políticas educativas han ignorado el contenido humano y humanizante de este informe y sus valiosas aportaciones, como aquella que afirmaban que estas políticas debían ser procesos mejorables que contribuyeran a la estructuración de la persona y de las relaciones entre personas, construyendo un mundo mejor, velando por el desarrollo humano sostenible, entre otras serias y contundentes afirmaciones...</description></item><item><title>Ghosting</title><link>https://riidblog.org/es/post/18-04-2026/</link><pubDate>Sat, 18 Apr 2026 00:00:00 +0000</pubDate><guid>https://riidblog.org/es/post/18-04-2026/</guid><author>Cristina Scorrano</author><description>&lt;p&gt;El término «ghosting», derivado de la palabra inglesa «ghost», se incorporó a la lista de neologismos del diccionario Treccani en 2024. La definición reza así: «Cortar de forma repentina y sin explicación alguna todo contacto con una persona, haciendo que sea imposible localizarla».&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La antropología digital y la psicología, dentro de sus respectivos campos de investigación científica, han descrito este fenómeno, que se ha generalizado cada vez más en la era de las relaciones en línea y provoca una dolorosa sensación de abandono en quienes lo sufren.
La antropología digital estudia y trata de comprender el impacto de las tecnologías de la información en los seres humanos que las utilizan. «Uno de los objetivos de la antropología, como afirma Gaetano Piccolo S.J., es fomentar la autocomprensión en los seres humanos, es decir, activar un proceso de toma de conciencia de las dinámicas existenciales y culturales en las que se encuentran viviendo».
En la década de 1990, los investigadores Daniel Miller y Don Slater pusieron en marcha un estudio para examinar el uso y la influencia de Internet en los habitantes de la isla de Trinidad. Sus estudios pioneros en antropología digital contribuyeron a definir Internet no solo como una fuente de información y conocimiento, sino como un espacio donde los individuos desarrollan y experimentan dinámicas relacionales existentes; la población de Trinidad utilizaba la red para comunicarse con seres queridos lejanos o forjaba nuevas relaciones creando formas impredecibles de conexión y nuevas formaciones comunitarias. Estos hallazgos llevaron a ir más allá de la dicotomía «digital/virtual» y «material/real» para poner de relieve la influencia mutua de ambas esferas. Lo «real» influye en lo «digital», y lo «digital» hace que lo «real» evolucione de nuevas maneras. El rápido y generalizado desarrollo de las tecnologías digitales ha cambiado profundamente la cultura, la economía, la identidad humana y las relaciones interpersonales. Por esta razón, una comprensión cada vez más profunda de cómo los seres humanos utilizan las tecnologías en diversos contextos socioculturales es esencial para analizar los cambios que se producen en la mentalidad y la vida interior de las personas. Las redes sociales y los medios sociales se han convertido en espacios de pertenencia, reconocimiento social, interacción profesional, comunicación y puesta en común de pasiones y sentimientos.&lt;/p&gt;</description></item></channel></rss>