<?xml version="1.0" encoding="utf-8" standalone="yes"?><rss version="2.0" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"><channel><title>Pain on Rielo Institute for Integral Development</title><link>https://riidblog.org/</link><description>Recent content in Pain on Rielo Institute for Integral Development</description><generator>Hugo -- gohugo.io</generator><language>es</language><lastBuildDate>Mon, 05 Oct 2026 00:00:00 +0000</lastBuildDate><atom:link href="https://riidblog.org/es/tags/pain/index.xml" rel="self" type="application/rss+xml"/><item><title>El lamento profundo como remedio a las quejas superficiales</title><link>https://riidblog.org/es/post/05-10-2026/</link><pubDate>Mon, 05 Oct 2026 00:00:00 +0000</pubDate><guid>https://riidblog.org/es/post/05-10-2026/</guid><author>Marie-Thérèse Gerstner, S.S.L.</author><description>Vivimos en una cultura que ha hecho del optimismo un deber. Piensa en positivo. Cuenta tus bendiciones. Otros están peor. El dolor hay que gestionarlo, distraerlo, hacerlo desaparecer con el dedo: mil vídeos cortos, otra noche fuera, un analgésico más para poder seguir moviendo el brazo herido. Los cristianos a menudo han bautizado este reflejo. La oración se convierte en una fila de corazoncitos: gracias, Dios; Jesús te ama; todo está bien. Nada de esto es falso, y la gratitud es indispensable. Pero llegamos a ella demasiado rápido. Una gratitud alcanzada a toda prisa suena hueca, porque nunca ha mirado lo que no está nada bien.
La Biblia se avergüenza mucho menos que nosotros del dolor y del lamento. Según cómo se cuente, el Salterio contiene entre quince y veinte salmos de acción de gracias y entre sesenta y setenta salmos de lamento: más de un tercio del libro de oración que judíos y cristianos comparten desde hace más de dos mil años. «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Jesús murió con un salmo así en los labios.</description></item></channel></rss>