Un buen amigo me ha preguntado qué opinas sobre los problemas de salud pública a nivel mundial.
Mi primera reacción —teniendo en cuenta que pertenezco a la generación que creció viendo en televisión el programa «Rischiatutto» de Mike Bongiorno (que fue el prototipo italiano de los concursos televisivos inspirados en los estadounidenses de los años 40 y 50)— fue: «¡Una pregunta de un millón de dólares!».
Teniendo en cuenta que, entre las definiciones más reconocidas de salud pública, encontramos: «La ciencia y el arte de mejorar la salud de la población a través de esfuerzos organizados de la sociedad» (Acheson, 1988; OMS, 2000), pero también: « El proceso de movilización de los recursos locales, regionales, nacionales e internacionales necesarios para garantizar las condiciones en las que todas las personas puedan gozar de buena salud» (Breslow y Detels, 1991), se comprenderá perfectamente que, en esencia, estamos hablando de algo muy importante y muy complejo, sobre todo si el escenario de referencia adoptado es el global, es decir, si se refiere a la salud de todos los pueblos del planeta.
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