Esta serie de tres partes explora los ciclos históricos del retorno de la humanidad a un orden social justo, así como la naturaleza y el papel de la libertad en el desarrollo integral a través del prisma de la vida interior mística. Primera patrte in “Essays”.
Parte II: La libertad surge de la vida interior
El diseño divino nos muestra que la libertad no es una condición a priori, sino una condición emergente. La verdadera libertad no es un derecho político otorgado por un documento estatal, sino un subproducto espiritual de un alma que alcanza la pureza y la alineación con el diseño divino. La libertad, en el orden divino, es más bien el efecto —o el estado resultante— de la vida interior de oración, meditación y unión con el Creador. Es el estado emergente de una mente acostumbrada a la contemplación de Jesucristo, quien es el reflejo perfecto y la expresión viva, en completa unidad con Dios Padre. Esta contemplación del amor puro de Cristo por el Padre, a su vez, purifica el estado interior de los pensamientos de la mente y orienta la voluntad hacia los deseos de Dios Padre. Esta contemplación devuelve nuestra mirada a la Fuente de Luz, mientras que, por el contrario, el pensamiento humanista de la Ilustración centraba nuestra mirada en los confines exteriores de cualquier rayo de luz que eligiéramos seguir alejándonos de la Fuente. De ahí el surgimiento de nuestra multiplicidad cancerosa,1 que, por supuesto, éramos libres de seguir.
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