¿Y si no somos capaces de construir una buena sociedad humana porque no somos capaces de recordarla?
En el principio, cuando Dios creó todo lo que existe (lo visible y lo invisible), la vida de los seres humanos era pura en todos sus aspectos, y éramos perfectamente libres para gozar de la buena vida humana que había sido ordenada para nosotros. En el principio, nuestra Libertad era inmediata y plena. Ahora, en cambio, nuestra Libertad llega cuando volvemos a entrar en perfecto equilibrio con el Absoluto. La Libertad es esencial al ser humano, pero se alcanza con mucho esfuerzo, y solo por la sangre de Cristo Jesús, el Redentor de Lo que se perdió. Y la Libertad alcanzada por nuestra redención no se orienta de inmediato al disfrute de la creación: ante todo impulsa necesariamente al creyente a ponerse al servicio de la restauración de la bondad de la vida humana.
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