¿Debería la especie humana seguir habitando la Tierra?

Hay preguntas que, por lo radicales que son, nos impactan, nos hacen parar a reflexionar y llaman nuestra atención como preguntas acertadas, formuladas desde un pensamiento auténtico que nos abre al cuestionamiento y a la búsqueda de nuevas ideas y perspectivas. No son preguntas retóricas, sino reales, que captan el deseo de verdad y nos indican el camino a seguir.

La pregunta que da título a esta entrada, formulada por el papa León XIV en la introducción del libro «Desarmada y desarmante» 1, es una pregunta crucial para cualquier persona y nos llama a la responsabilidad ética. ¿Puede la especie humana seguir habitando la Tierra explotando sin miramientos los recursos, saqueando y aplicando la lógica del dominio y del beneficio, y seguir causando destrucción y muerte con las demasiadas guerras que asolan el planeta? ¿Tiene sentido la guerra? ¿Y el rearme global? ¿Es posible la paz?

Henri Rousseau  - La Guerre - 1894 huile sur toile

Henri Rousseau - La Guerre - 1894 huile sur toile

James Hillman, autor del libro «Un terrible amor por la guerra» 2, empieza su ensayo contando una escena de la película «Patton, el general de acero», de Schaffner, en la que el general contempla la destrucción de un campo de batalla y exclama: «Cómo me encanta todo esto». El texto analiza el fenómeno de la «guerra» en su dimensión universal y metahistórica, en su carácter innato al espíritu de lucha humano, «al estado marcial del alma» 3, que se deja seducir y guiar por el deseo de dominar a los demás y busca, a lo largo de las distintas épocas históricas, diversas justificaciones para la violencia y las opresiones cometidas, casi siempre con el fin de restablecer una nueva y más estable condición de paz. «Si no nos adentramos en este amor “loco” por la guerra —afirma Hillman—, nunca conseguiremos prevenirla ni hablar con sentido común de la paz y el desarme»4. Este amor loco tiene sus raíces en arquetipos mitológicos, Eros y Thanatos, que siguen vivos en la mente de los seres humanos. Para entender mejor la atracción que ejerce la guerra sobre los seres humanos, intentemos seguir el razonamiento de Hillman, que aborda dos paradojas: «la guerra es normal», «la guerra es inhumana». La guerra siempre ha existido; Heráclito afirma que «La guerra, el conflicto (Polemos) de todas las cosas, es el padre», la guerra está presente en todo, tanto en el mundo que nos rodea como en nuestro interior. Si el ser humano tiene una naturaleza social, si, como dice Aristóteles, es «un animal político» y si la guerra «es la continuación de la política por otros medios» (Von Clausewitz), podemos decir que la guerra es parte intrínseca del ser humano. «No hace falta —sostiene Hillman— buscar sus causas en la irrupción del ello contra el superyó, en las angustias de castración del hombre, en proyecciones paranoicas, en sentimientos de inferioridad sobrecompensados, ni atribuirla a la testosterona. Las bases inconscientes de la guerra residen más bien en no saber captar todo el alcance de nuestra naturaleza animal: en no saber o no querer entender que nuestra animalidad no es simplemente odiosa y bestial, sino que está en armoniosa sintonía con la guerra, porque cada uno de nosotros es un politikòn zoon.»5. M. Foucault plantea la guerra como fundamento del Estado y del orden social: «la historia que nos sustenta y nos determina tiene la forma de la guerra más que del lenguaje: relaciones de poder, no relaciones de sentido». La guerra, por tanto, parece ser más «normal» que la paz. Además, hay que tener en cuenta que la «palabra “paz” se traduce demasiado rápido como “seguridad”, y una seguridad que se consigue a costa de las libertades civiles»6

Al hablar de la guerra, no puedes pasar por alto su «rostro inhumano» (J. Keegan) con sus terribles características: crueldad intencionada, coacción, despersonalización.

La inhumanidad de la guerra no tiene límites, se alimenta de la violencia ciega y del terror que siembra; el ser humano, en su singularidad, desaparece; la crueldad se manifiesta en la planificación asesina, en las violaciones, en las masacres de civiles inocentes. «La guerra es un acto de fuerza y no hay ningún límite lógico a la aplicación de esa fuerza» (Von Clausewitz). La tecnología aplicada a la guerra puede amplificar enormemente su faceta inhumana. Hillman se pregunta si es lícito imaginar que se haga realidad la aspiración del ser humano al fin de toda guerra: «¡Nunca más la guerra!» y si la inhumanidad de la guerra podrá «contrarrestarse con las estructuras humanas del amor y la razón»7. Es urgente que el ser humano, consciente de los riesgos a los que está expuesto, recurra a la racionalidad para construir un futuro de paz.

Si el ser humano quiere seguir viviendo en la Tierra, el imperativo: «¡Nunca más la guerra!» debe hacerse realidad; buscar la paz rechazando la violencia y las políticas basadas en el rearme debe considerarse el único camino de salvación para la humanidad.

A día de hoy, según el Índice Global de Paz de 2026, 103 países están involucrados en conflictos bélicos. En los últimos diez años, el gasto militar ha aumentado hasta alcanzar los 2.718 mil millones de dólares, lo que representa el 2,5 % del PIB mundial 8. «La guerra —afirma el papa León XIV— inflige heridas que dañan todo el tejido vital, afectando no solo a las personas y a las comunidades, sino también a su red más amplia de relaciones con toda la familia humana y a su armonía con la creación. Revela un profundo fracaso a la hora de vivir a imagen y semejanza de Dios, de respetar la vida y de cuidar la Tierra que se nos ha confiado. No es solo un fracaso político, sino también moral y espiritual. Arraigada en deseos distorsionados y en un uso erróneo de la libertad y el poder humanos, la guerra se erige en contra-testimonio del Evangelio de la Paz» 9. La paz es un regalo de Cristo Resucitado, exige una conversión del corazón, se nutre de pequeños gestos de amor y cuidado, está desarmada, no se impone con la fuerza ni la violencia, es desarmante, como la bondad, como el misterio del Niño Dios. «Es el camino desarmante de la diplomacia, de la mediación y del derecho internacional» 10. Nuestra especie podrá seguir habitando la Tierra si todos juntos construimos un mundo de paz en la verdad, la justicia y la esperanza; si, como desea el Papa, cada uno hace de la paz «la causa de su propia vida» 11.


  1. León XIV, Desarmada y desarmante. La paz es un regalo, a cargo de A. Banfi, ed. LEV, 2026 ↩︎

  2. J. Hillman, Un terrible amor por la guerra, ed. Adelphi, 2005 ↩︎

  3. Ibídem ↩︎

  4. Ibídem, pág. 11 ↩︎

  5. Ibídem ↩︎

  6. Ibídem, pág. 51 ↩︎

  7. Ibídem, pág. 260 ↩︎

  8. León XIV, Mensaje para la LIX.ª Jornada Mundial de la Paz, 2026 ↩︎

  9. León XIV, Mensaje para la XI Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, 2026 ↩︎

  10. León XIV, Mensaje para la LIX Jornada Mundial de la Paz, 2026 ↩︎

  11. León XIV, Desarmada y desarmante. La paz es un regalo, a cura de A. Banfi, ed. LEV, 2026 ↩︎

Cómo citar este artículo
Cristina Scorrano. (2026, 22 de agosto). ¿Debería la especie humana seguir habitando la Tierra?. Rielo Institute for Integral Development. https://riidblog.org/es/post/22-08-2026/


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