¿Qué es lo que hemos querido dar a entender con estas menciones en el título? Primero, reconocer que, por la impresionante actualidad de las ciencias cognitivas y su genial aporte al desarrollo y a la salud del ser humano, merecen un reconocimiento, que nadie puede negar. El problema está en que se las ha dogmatizado, es decir, a los resultados de los “científicos” del cognitivismo se los ha hecho caer en la trampa de la ideologizada “absolutización”, la supremacía rígida o cerrada de sus hallazgos, que tienen por límites el cerebro y el sistema nervioso del organismo humano, como único referente para sus necesarios diagnósticos, tratamientos y proyecciones.

Debemos trabajar para que las neurociencias sean integradas, complementadas y situadas en la correcta y bien formada “absolutivación”, como apertura a su desarrollo permanente, sin límite alguno. Para ello proponemos añadir o complementar a las neurociencias con las llamadas “ciencias del espíritu” o “ciencias experienciales”; para complementar la psiconeuroinmunología clínica (maestría) con la neurosicoespiritualidad; o la psicología con la teantropología sicoética. Todas las ciencias humanas, por principio, tienen como objetivo el desarrollo integral, y sin límites, del ser humano. Por ello, esta pequeña reflexión no es sino una invitación a que nuestros hermanos neurocientíficos -científicos cognitivos- se sientan invitados a ser conocedores y promotores de esta idea que actualmente es para nosotros una hipótesis que Fernando Rielo y su Escuela Idente nos ponen delante:
“Las dos actitudes, absolutizadora y absolutivadora, proporcionan una visión, con tendencia última, que no nos puede dejar indiferentes. De la actitud absolutizadora se deriva la degradación de la persona y su relación con lo sagrado, consigo misma, con la sociedad y con el cosmos; y, por lo tanto, con lo que esta crea o produce: medicina, historia, filosofía, cultura, arte, religión, donde se proyectan toda clase de complejos, culpas, miedos o temores, pasados incluso por una razón filosófica ideologizada, por la degradación cultural o por la superstición religiosa.1
Al contrario, si nos referimos a la actitud absolutivadora, esta nos lleva a realizar o formar bien nuestra visión y compromiso en los ámbitos y dimensiones de la persona, donde adquieren unidad, dirección y sentido la vivencia y experiencia, el pensar y el hacer, y, con ello, la experiencia mística con la creatividad personal y social y la transformación de la naturaleza para el bienestar integral de la persona humana en sus tres niveles constitutivos”.
Algunas de las específicas ciencias cognitivas desarrolladas hasta el momento – como las llamada psiconeuroinmunología clínica o la psicología (que actualmente las consideramos ciencias experimentales) se pueden enriquecer absolutivamente con las ciencias experienciales que les corresponden, como son la Neurosicoespiritualidad y la Teantropología Sicoética respectivamente.
Todo ello supone (es nuestra hipótesis) que el desenclaustramiento que necesitan las ciencias cognitivas - por una actitud absolutizadora de la mayoría de sus “científicos” - requiere en su metodología un tertio incluso, la inspiración, como constante trascendental del método científico, que lo facilite; y que convierta a los auténticos científicos cognitivos – con una “vivencia sicoespiritual potenciadora” – para que su postura científica sea siempre provechosamente absolutivadora; es decir, abierta al desarrollo sin límites de su ciencia humana; que no es solo experimental, es también experiencial o vivencial.
El símbolo ≑ indica “complementariedad”
Fernando Rielo-Escuela Idente (2025). “Consciencia, neurosis y terapia”. Madrid, Dykinson, p 361 ↩︎