Fragmentación

Fragmentación,

La popular frase “divide y vencerás”, no solo se ha aplicado para ganar batallas y luego guerras, o en transacciones comerciales, para obtener mayores ganacias; sino que se aplica al mismo ser humano, en sus diversas dimensiones (laboral, familiar, social, profesional); por ejemplo, en medicina la atención se ha centrado en atender el malestar concreto del paciente, sin considerar que es un ser humano integral con múltiples condiciones; y que aunque sufra de un dolor localizado, ese órgano está afectado y afectando al resto del organismo.

El conocimiento también sobrevive fragmentado, la investigación y la enseñanza se han hiperespecializado, al principio no fue así, quien dedicaba su vida a indagar los secretos de la naturaleza y los enseñaba, sabía de todas las áreas posibles: Filosofía, ciencias, matemáticas, lenguas, etc. Era un sabio, que reflexionaba lo estudiado hasta sus días y meditaba en nuevas preguntas, que intentaba responder. En los últimos siglos, quizas dos o tres, todo el ámbito del conocimiento se ha convertido en disciplinar: se sabe mucho de un área y se desconoce todo lo demás, y esta práctica se incentiva, con las acreditaciones universitarias, se deben dedicar tantas horas a la enseñanza de cada disciplina que es imposible que un estudiante pueda saber de otras, y se le pide tal dedicación, que tampoco está interesado en saber de literatura, arte, otras ciencias, considerando que “perderá el tiempo” si estudia otras disciplinas, que enriquecerían su formación y su cultura.

Se nos dice que hay que separar la vida laboral o escolar de la vida personal, pero lo cierto es que sólo tenemos una vida única, que se despliega en el trabajo, los estudios, social y familiarmente, no podemos dividirla, antes bien, cada aspecto debe ser atendido y enriquecido continuamente para el pleno desarrollo de la persona, la división crea confusión, no podemos tener muchas vidas y adquirir actitudes diferentes en cada una, sino complementar cada aspectos de nuestra vida con el resto, de lo contrario, requerimos ocultar, fingir; adoptar actitudes que no son sanas para la persona, pero tampoco para su entorno.

Es natural que la vida familiar, con sus alegrías y dificultades, repercutan en la vida laboral o escolar y viceversa; si una persona vive una vida equilibrada y sana en su familia, trasmitirá serenidad a donde vaya; por el contrario, si tiene dificultades en su escuela o trabajo, lo reflejará en su vida familiar; no se le puede pedir que se fracture interiormente, que rechace o reprima aquello que le aqueja, porque se ocasionará más sufrimiento, y se acumularán tensiones interiores, que al final tendrán que externalizarse de alguna forma.

Estamos llamados a vivir a plenitud todos los ámbitos de nuestra vida, a sanar nuestras heridas y restablecer nuestros vínculos: interiormente, familiarmente, socialmente, sacralmente; pero sólo es posible si dejamos de estar rotos por dentro, integrando todos los aspectos de nuestro único ser. Restablecernos, curarnos, cuidarnos mutuamente. Probablemente, también necesitamos perdonarnos, a nosotros mismos y a los demás, la experiencia de perdón es sanante y restablece nuestra unión.

Tenemos que aprender la forma de encauzar nuestros sentimientos y emociones y acoger a los demás, porque familiarmente y socialmente, todos somos importantes y el sufrimiento de uno, repercute en todos; es más que el efecto mariposa de Edward Lorenz: estamos vinculados y requerimos cuidarnos unos a otros.

Solo así, tendremos la mirada completa para alcanzar un nuevo horizonte, con esperanza.

Para luego atrevernos a restablecer los vínculos con los demás, porque además de las divisiones interiores, también sufrimos la fragmentación dentro de la sociedad. En una empresa, nos dividimos entre personal y clientes, directivos y trabajadores y entre estos formamos otros grupos, con más divisiones, que sólo consiguen que se origine y crezca la desconfianza.

Una mirada integradora nos tendría que hacer reflexionar, que las diferencias no nos deberían separar, antes bien, enriquecernos; tener diversas ocupaciones, idiomas, orígenes, no debería plantear divisiones entre nosotros, sino más bien, apertura, incluso despertar una sana curiosidad por conocernos y acogernos mutuamente; descubrir que el otro me plantea la posibilidad de conocer algo más, de aprender, de crecer junto con él; porque aunque podemos seguir enumerando divisiones, lo cierto es que somos hermanos, seguimos siendo más similares que diferentes y que juntos podemos construir comunidad, un hogar digno que acoja nuestra propia Humanidad.

En este punto es justo que nos preguntemos, si es tan sano que vivamos en unidad con nosotros mismos y que el encuentro con los demás nos enriquece ¿por qué se fomenta esta fragmentación? ¿a quién le beneficia? Quizás no lo sepamos, pero conviene que con sana rebeldía, empecemos a vivir y poner medios para esforzarnos para vivir con coherencia lo que consideramos es mejor para nosotros, nuestras familias, nuestros colegas y conciudadanos.